Precio de venta: $220 pesos.

Los sonetos de Shakespeare
V. Dos amores tengo (40-42 y 127-154)

Dos amores tengo, como he titulado a este último libro (el quinto volumen) con los sonetos que van del 127 al 154 (incluidos del 40 al 42, que tratan del mismo tema), que están dedicados a una mujer de piel morena aceitunada, conocida como la «dark lady» y que son una parodia de los que escribió de Sir Philip Sidney a su bella Stella (Penélope Rich). En ellos nos va narrando esa relación que parece haber vivido con la veneciana Emilia Lanier neé Bassano y que empezaron con una deliciosa y explosiva práctica de la lujuria, para pasar por una crisis de celos producto de un triángulo amoroso, que se mantendría por un buen rato hasta que, al final el poeta le advierte a su amigo, con buen sentido del humor —aunque negro—, que en el pecado está la penitencia y que ahora tendrán que ir a curarse de «los síntomas franceses» —como les decían a la enfermedad venérea—, a los baños termales de Bath, con ese tratamiento que consistía en meterse hasta el cuello en el agua hirviendo y aguantar esos calores parecidos al que se sufre seguramente en los infiernos, para así, sudar todo lo que habían pescado por andar montando esa potranca.

En este libro interpreto estos treinta y un sonetos donde el poeta describe sus amores con esa dama misteriosa que tenía «los ojos negros como los cuervos», sabía de música pues tocaba «las benditas» el virginal; era lujuriosa y aunque sus ojos no eran tan bellos como el sol, y sus labios, en lugar de ser rojo escarlata, eran más bien blancos como el coral, sus senos eran morenos como su piel y tenía unos cabellos que parecían unos alambres negros y retorcidos como los que le crecían en su cabeza en total desorden; su aliento, no se parecía a ningún perfume, sino que más bien apestaba a rayos. Pero, a pesar de todo, dice el poeta enamorado, «mi amada es única y desmiente a cualquier comparación falsa».

Para los ingleses una mujer «morena» o «aceitunada», como eran españolas o las italianas o las mediterráneas, que no eran blancas como la leche, decían que eran «dark».

Estos sonetos los escribió porque a lo mejor así era su amante o el modelo que usó para recrear estas historias; o a lo mejor lo hizo para llevarle la contra al resto de los soneteros de su época o para divertir a su mecenas y a sus amigos. Lo que sí sabemos es que a los lectores no les gustó nada los Sonetos cuando se publicaron en 1609. Nadie ha encontrado todavía una crítica o una nota al respecto. Nadie dijo nada en esa época, ni sobre el autor, ni sobre el amigo, ni mucho menos de la dama morena. Nadie, ni los críticos, ni los colegas, ni los amigos, ni los enemigos, nadie. Nunca se publicó una segunda edición en vida del autor, sin embargo, sus otros dos poemas líricos como fueron Venus y Adonis y La violación de Lucrecia (1594-5), se reeditaron muchas veces en vida, tantas que bien podemos considerarlos como éxitos rotundos. Pero no estos sonetos.

En este tomo el poeta, finalmente declara que tiene dos amores, sí, uno me conforta y el otro me desespera. Como dos espíritus, me tientan constantemente: el ángel bueno es un hombre bello y el espíritu maligno es una mujer de color enfermizo. Para ganarme pronto el infierno, mi diablesa sedujo a mi mejor ángel apartándolo de mi lado y podrá corromper a mi santo para hacerlo diablo, cortejando su pureza con su orgullo infernal. Que mi ángel se transforma en diablo puedo sospecharlo, aunque no puedo afirmarlo; pero siendo ambos amigos y entre ellos también, supongo que el ángel es el infierno del otro. Pero esto nunca lo sabré y viviré con la duda hasta que mi ángel malo expulse al bueno.



Primera edición: 2008
El Globo Rojo, México. páginas.